LIBRE O LIEBRE

LIBRE O LIEBRE

     Cuantas veces habremos oído “no te preocupes, te acompaño, te hago de liebre, que este fin de semana no tengo nada”. Y también habremos observado reacciones muy dispares, desde la euforia hasta la resignación. Y es que correr acompañados es un arma de doble filo, nos puede catapultar a nuestra mejor marca o enterrar nuestras propias posibilidades.

    Una liebre, en el mundo del atletismo elite, es  un corredor que marca unos ritmos de paso a uno o varios participantes  en competiciones que generalmente superan los 800 metros.  Son atletas de calidad contrastada que pocas veces completan la totalidad del recorrido y que obedecen escrupulosamente a una progresión pautada y pactada  de cara a una marca final.

    Pero en nuestro mundo, en el atletismo popular,  este término adopta dos significados diferentes para dos funciones diferentes y que implica que interaccionemos con ellos de dos formas diferentes.

     Un tipo de liebre serían los guías o “pacemarkers” y otro los acompañantes personales, sean estos amigos, conocidos o compañeros de club.

     Los pacemakers son corredores anónimos que se comprometen a realizar una prueba en un tiempo determinado, portando  algún accesorio, normalmente globos o banderines, que permite hacerles visibles a todos los participantes.

     Los acompañantes, por otro lado, deberían ser corredores experimentados, con una marca bastante mejor que la nuestra y que, generalmente, suelen completar un tramo más o menos amplio de la totalidad de la prueba delante de nosotros o a nuestro lado.

     La función de los dos es común,  hacernos de referencia para una marca objetivo y así mantener nuestra concentración únicamente en nuestro cuerpo y sensaciones para desterrar algunos estímulos no relevantes que puedan llevar al traste nuestro esfuerzo.

     Lo difícil,  respecto a los  pacemakers, es encontrar uno al ritmo que justo nos hemos propuesto; y si tenemos la suerte de encontrarlo,  el peligro es confiar en la suerte de no toparnos con alguien debutante en esas lides  y que acabe dejándose llevar por la prudencia o excitación ante su nuevo rol y nos arrastre con él.

     Pero las grandes ventajas y peligros se obtienen, sin lugar a dudas, de nuestros acompañantes, de nuestras liebres personales.

     No todo el mundo vale para ser liebre, incluso una buena liebre para una persona no tiene porqué serlo para otra.

     Una liebre ideal sería aquella que nos conoce mucho, que sabe nuestros límites, que conoce como hemos entrenado, que sabe  cómo solemos actuar en carrera, nuestra forma de pensar, nuestro nivel de activación y la importancia que le otorgamos a la prueba.

     Una liebre a evitar sería aquella que se ofrece espontáneamente, de la que no sabemos su estado real de forma, su estilo de comunicar y a la que no nos une mayor lazo que una coincidencia en un entreno o en otra carrera.

     Llegados a este punto también reconoceré que muchas veces llevar de liebre a nuestra a pareja o a ese personaje que evidentemente “quiere ligotear” con nosotros tampoco es buena idea la mayoría de las veces.

     Las ventajas que nos aporta una buena liebre, aparte de la regulación en los ritmos, sería darnos apoyo motivacional mediante mensajes positivos y de control,  bloquear pensamientos negativos, distraernos ante la aparición de señales corporales como la fatiga,  proporcionarnos avituallamientos, reforzarnos cada parcial en tiempo, hacernos de escudo ante aglomeraciones o imprevistos e ir anticipando los ritmos diferentes según la altimetría o perfil de la prueba que previamente ha estudiado o corrido. Alguien tranquilo, puntual en los previos y afectivo.

     Los inconvenientes de toparnos con una  mala liebre es que nos fuerce a un ritmo no pactado, porque crea que valemos otra marca, que no sepa regularse y vaya a tirones incluso fatigándose más que nosotros; que no sepa leer nuestro nivel de ansiedad o lanzar mensajes positivos y  acabe lanzando órdenes casi militares, que nos altere su personalidad y competitividad. Por no mencionar que desconozca el perfil de la prueba o que nos tenga en vilo antes de la salida por su impuntualidad.

     Por lo tanto, ante la duda, en carreras que hemos preparado especialmente, o que otorguemos un mayor valor, mejor libre que liebre.

By Nemo.

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